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jueves, 22 de octubre de 2009

La historia de un hombre que no tenía fuerza de voluntad

Ésta es la historia de un hombre que no tenía fuerza de voluntad.
Fin.

viernes, 27 de febrero de 2009

La barrera (y sus cosas)

Pesa un quintal. Es jodido de cojones levantarla. Cuando no hay más remedio que hacerlo, se levanta (aunque sea a medias, jeje) y se pasa. Pero cuando no es obligatorio... Depende de las verdaderas ganas que tengas.
Me refiero a la barrera que separa el pensamiento de la acción. A veces va ligerita, pero a veces resulta muy pesada. Esa barrera... Todos los días comienzan levantando esa barrera: te tienes que levantar, tienes que salir al mundo. Tu camita no te va a aportar nada nuevo. Pero, mmm... gratificante sensación intrauterina... Con lo calentito que se está ahí dentro... ¿por qué salir?
Claro, al final te levantas, sólo faltaría. Pero otras cosas no van así.
Me he dado cuenta incluso de que el hecho de pensar "bueno, algo he hecho" ya me alivia. Como si tuviera que pintar una pared y, cogiendo un rotulador carioca y haciendo una rayita, ya pudiera sentirme satisfecho. Increible, pero cierto. Y luego te sorprendes de que dejes las cosas a medias. Con ese espíritu, ya me dirás tu a mí (yo, a mí mismo?? oh Dios, ya estoy hablando sólo otra vez... mejor dejarlo por hoy, que creo que ya está bastante clarito lo que quería decir...)

dejar las cosas a medias...

Por un momento te lo has creído. Has comenzado algo, y con mucha ilusión. Esta vez sí, esto lo voy a acabar bien. O por lo menos, lo voy a acabar.
Y entonces llega ese instante en que te das cuenta de que eso también lo vas a dejar a medias.

Me cuesta mantener la motivación en mis proyectos. Y eso cuando los empiezo. Tal vez por eso me dedico a hacer payasadas de 10 segundos en vez de ponerme de una vez a componer una sonata. Porque, aunque comience una, no la voy a terminar.
Es una putada. Parece pesimismo. Parece que no me esfuerzo, que tiro la toalla antes de empezar, o que la tiro en el primer asalto. Tal vez lo sea. Pero es que estar luchando 14 asaltos para acabar rindiéndote de todos modos... Y, al fin y al cabo, la improvisación te permite hacer la música del momento. Aunque una buena sonata... no se puede improvisar.

A veces "me doy asco a mí mismo", lo reconozco. Y me pregunto. Me pregunto si merece la pena el esfuerzo. Y cada día obtengo una respuesta...

Es muy triste reconocerlo, pero más triste sería ignorarlo. Y es que me temo que necesito de una obligación externa para completar lo que comienzo. Ay....